Canta, siempre canta.

Escrito el 17/09/2021
Renée Larrañaga

En el Salmo 137 se relata cómo le exigen a los judíos esclavos, cantar en medio de  la adversidad. ¿Sueles cantar habitualmente, cuando estás contento? Posiblemente sí, pero pocos cantamos cuando las circunstancias de la vida no nos son favorables. “Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión; en los sauces de la orilla colgábamos nuestras cítaras. Los que allí nos deportaron nos pedían canciones, y nuestros opresores, alegría: … ” (vers.1-2).  ¿Has estado alguna vez cantando para aturdirte o en alguna situación parecida a la del pueblo israelita? “¿Cómo podemos cantar si estamos en una tierra extraña?” (vers.3).  ¿Cómo podremos cantar si contrajimos deudas? ¿Cómo podremos cantar si estamos enfermos? ¿Cómo podremos cantar si tenemos toda la familia “enredada”? Pedimos al Espíritu Santo que, mientras profundizamos en la Palabra Divina con el propósito de explorarla, comunicarnos, informarnos e inspirarnos, articule con claridad nuestros pensamientos, que agilice nuestras mentes: “Venimos ante tu Trono, Señor, para que nos des Sabiduría y Revelación de manera profunda y didáctica, para poder entender tu Divino Mensaje. Alíneanos Padre, para que seamos edificados, restaurados, sanados, liberados de lo que el enemigo ha traído a nuestras vidas para destruirnos. Ahora, Señor, nos tomamos de tu Reino de Vida, porque sólo Tú eres Inigualable, Invencible. Te damos gloria y alabanza.”

  Estuve investigando acerca de los beneficios que produce el canto y por qué alivia tanto en la adversidad. ¿Qué sucede con la música en general? La música estimula la parte del cerebro que produce dopamina (hormona que afecta el comportamiento emocional y los estados de ánimo); mejora la postura corporal, la capacidad pulmonar,  la calidad de sueño; reduce niveles de estrés; ayuda a mantener el cerebro en buena forma; mejora la memoria; es antidepresivo; fortalece el sistema inmunológico.

  ¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando cantamos? La neurociencia dice que cuando cantamos nuestros neurotransmisores se conectan de maneras nuevas y en caminos diferentes-o sea, nos hace más inteligentes-. Vamos a ver qué dice la Biblia: la música es un arma poderosa. Uno de los ejemplos es el rey David, cantor por excelencia; su canto era tan poderoso que cuando el rey Saúl era atormentado por los demonios, lo llamaban y David comenzaba a tocar el arpa, y el rey endemoniado se calmaba, o sea que lo liberaba (1 Samuel 16,23). En el Libro de Josué, el pueblo de Dios hizo sonar las trompetas, dio el grito de júbilo y la muralla cayó (Josué 6,20). También Nehemías buscó cantores en la construcción  de las murallas de Jerusalén (Nehemías 7,1). Es importante cantar aun cuando no tenemos ganas. El enemigo quiere que dejes de cantar. Si todavía estamos vivos, cantemos. Todos hemos pasado por momentos difíciles, extraños, con esta pandemia, aun así sigamos cantando.

  Es importante que sepas que tu canción es tu fuerza, es tu alegría, es tu paz, es tu poder,…, pero TU CANCIÓN, no la de otro. ¿Qué hacer cuando no puedo cantar porque dentro mi corazón hay mucha tristeza? La Palabra nos dice que “el poder de la vida y de la muerte está en la lengua” (Proverbios 18,21). El demonio quiere por todos los medios cerrar nuestras bocas. Testimonio: Hace unos meses, Marianela y Emmanuel tuvieron el dolor de un embarazo que no llegó a término (no se había formado) y tenía que ser despedido naturalmente. En el desprendimiento, me tocó acompañarlos-a los tres, porque estaba Emilia también-. Tengo muy marcada esa experiencia porque Marianela-en plena hemorragia yacente en el suelo-sólo alababa al Señor: “Bendito y alabado seas, Señor; te alabo y te bendigo,...”; estaba pálida y continuaba alabando. Y Emilia, con 5 años, no estaba asustada, a pesar de que había sangre y su mamá estaba en el piso porque no tenía fuerzas para pararse. La alabanza sostuvo a la familia. Por supuesto que luego todo tuvo un feliz término. Es en los momentos difíciles en que debemos alabar, porque “la alabanza rompe los yugos”.

  Si aprendemos a ignorar el ambiente en el que vivimos, y cantamos y alabamos, nos asombraremos. Estamos acostumbrados a reunirnos y en general alabamos a la fuerza, y eso no funciona. Hay que cantar en las crisis, hay que cantar en la soledad, hay que cantar en la prueba,… La Tierra y las situaciones no controlan al Señor, ES EL SEÑOR QUIEN CONTROLA LA TIERRA Y LAS CIRCUNSTANCIAS. Dios tiene el control siempre, en las buenas y en las malas. Alabando, elevamos nuestra vida hacia Él, y desde Él comienza a moverse aquello que vemos inamovible. “Me niego a sucumbir en el entorno que me rodea”. De hecho, no saldrás de la prueba hasta que aprendas a cantar en medio de ella. Ni el llanto ni la queja te sacarán de la depresión o de los vicios, debes romper el cautiverio alabando y bendiciendo al Señor. 

  Haz esta prueba: piensa en aquello que debes resolver y comienza a alabar a Dios, es tu boca que debe abrirse: “Te alabo y te bendigo Señor, Tú eres Grande, Tú eres Bueno, Tú eres Maravilloso, nadie es como Tú, Tú eres digno de  toda honra; te amo y te bendigo Señor, te alabo y te honro,…”  Tal vez te cueste mucho hacer esto, pero si realmente deseas salir de tu problema, alábalo en medio de ese problema; la Luz Divina llegará a tu vida y verás todo de manera diferente porque las tinieblas se disipan. Alaba a Dios y “no cuelgues tu corazón en los  sauces” como hizo el pueblo de Israel, sino que toma tu cítara, toca y canta. En tu corazón hay un epicentro-lo podemos llamar “el lugar de Dios” y nuestro “centro de poder”-, ese espacio no lo puede ocupar nadie más, y a veces no vamos ahí, vamos al celular, a la televisión,… “A Dios, que tiene poder sobre todas las cosas y que, en virtud de la fuerza con que actúa en nosotros, es capaz de hacer mucho más de lo que pedimos o pensamos” (Efesios 3,20). Esa FUENTE DE PODER está en nuestro interior las 24 horas del día, sólo debemos encontrarla. “Mucho más” de lo que puedes imaginar: tal vez estás pidiendo salir de las deudas y Dios te quiere dar una gran empresa, por ejemplo. Pero no es desde afuera, es desde adentro; con tu boca y no con la boca de otro. Cada uno de nosotros debe ser una llama encendida para alabar a Dios. Hazlo como te salga; si no sabes las canciones no importa, pero el Señor desea escuchar el sonido de tu voz. Uno de los mejores ejemplos que aparece en la Palabra está en Hechos 16 donde Pablo y Silas estaban presos por haber liberado a una muchacha endemoniada. “La gente se puso en contra de ellos, y las autoridades ordenaron que les quitaran sus ropas y los azotaran con varas. Después de azotarlos severamente, los metieron en la cárcel y encargaron al carcelero que los custodiara con atención. El carcelero, siguiendo a la letra la orden, los metió en la celda más segura y les sujetó los pies al suelo con cadenas” (vers.22-24). ¿Se imaginan la escena? Lastimados, tal vez con frío-porque les habían quitado sus ropas-, ensangrentados, y encadenados por servir al Señor. ¿Qué haríamos nosotros? ¿Nos enojaríamos con Dios? ¿O diríamos “bueno, me iré a dormir porque estoy muy agotado, encadenado, con mi espalda toda herida y tengo frío”? Nada de eso hicieron estos discípulos. “A media noche-o sea, el momento más oscuro, el más difícil-, Pablo y Silas oraban entonando himnos a Dios” (vers.25). ¡Qué fidelidad! ¿Está desatándose el “infierno” hoy sobre tu vida? Puede ser… Pero Pablo y Silas oraron cantando mientras los demás presos los escuchaban-eso significa que lo hacían a viva voz-. “De repente, se produjo un gran terremoto y se sacudió el cimiento de la cárcel y se abrieron todas las puertas y a todos los presos se les soltaron las cadenas” (vers.26). Cuando alabamos, no sólo me libero yo, sino que libero a los que me acompañan, a los que conozco y a aun a los que no conozco. ¡Qué importante es reconocer la grandeza del Señor en todo tiempo! Él no necesita soldados “a medias”, sino de los que están íntimamente comprometidos con su Causa, completamente entregados, y es incalculable lo que Dios desea darnos. Con Él edificamos de otra manera.

  ¡Bendito y alabado seas Dios Todopoderoso y Eterno!